cierto avariento cuitado
en onzas de oro, metidas
en un puchero de barro.
Por tenerlo más seguro,
fué con su puchero al campo:
al pie de un árbol cavó,
y lo enterró con recato.
Amaneció al otro día
hambriento y desesperado
un jornalero, sin pan
cierto avariento cuitado
en onzas de oro, metidas
en un puchero de barro.
Por tenerlo más seguro,
fué con su puchero al campo:
al pie de un árbol cavó,
y lo enterró con recato.
Amaneció al otro día
hambriento y desesperado
un jornalero, sin pan