no está bien entre monjes un espía.
Con una añadidura semejante,
y en tono proferida nada blando,
Bartolo a cada cual fué despachando;
y desde entonces al prior bendito
no perturbó en su celda ni un mosquito.
Contento el padre, y a la par confuso,
al lego preguntó: —¿De qué manera
con aquella familia se compuso
para que así de verme desistiera?