—¡Hola! Es nuestro nuevo camarada... ¿Cómo te va en nuestro Cuerpo?
—¡Perfectamente!—respondió el interrogado.
Era éste un hombre pálido, y de porte distinguido, del cual se despegaba mucho el traje de soldado.[{41-2}]
—Conque ¿decías?...—replicó el primero.
—¡Ah! ¡Sí! Que el cabo López ha fallecido...—respondió el miguelete pálido.
—Manuel... ¿Qué dices?—¡Eso no puede ser!...—Yo mismo he visto á López esta mañana, como te veo á ti...
El llamado Manuel[{41-3}] contestó fríamente:
—Pues hace media hora que lo ha matado Parrón.
—¿Parrón? ¿Dónde?
—¡Aquí mismo! ¡En Granada! En la Cuesta del Perro se ha encontrado el cadáver de López.