Todos quedaron silenciosos, y Manuel empezó á silbar una canción patriótica.
—¡Van once[{42-1}] migueletes en seis días! (exclamó un sargento.) ¡Parrón se ha propuesto exterminarnos!—Pero ¿cómo es que está en Granada? ¿No íbamos á buscarlo á la Sierra de Loja?
Manuel dejó de silbar, y dijo con su acostumbrada indiferencia:
—Una vieja que presenció el delito dice que, luego que mató á López, ofreció que, si íbamos á buscarlo, tendríamos el gusto de verlo...
—¡Camarada! ¡Disfrutas de una calma asombrosa! ¡Hablas de Parrón con un desprecio!...
—Pues ¿qué es Parrón, más que un hombre?—repuso Manuel con altanería.
—¡Á la formación!—gritaron en este acto varias voces.
Formaron las dos compañías, y comenzó la lista nominal.
En tal momento acertó á pasar por allí el gitano Heredia, el cual se paró, como todos, á ver aquella lucidísima tropa.
Notóse entonces que Manuel, el nuevo miguelete, dió un retemblido y retrocedió un poco, como para ocultarse detrás de sus compañeros...