II
EL CARLANCO
(Cuento popular infantil)
Era vez y vez una cabra, muy mujer de bien: que tenía tres chivitas que había criado muy bien, y metiditas en su casa.
En una ocasión en que iba por los montes, vió a una avispa que se estaba ahogando en un arroyo; le alargó una rama, y la avispa se subió en ella y se salvó.—¡Dios te lo pague! que[{84-2}] has hecho una buena obra de caridad, le dijo la avispa á la cabra. Si alguna vez me necesitas, ve á aquel paredón derrumbado, que allí está mi convento. Tiene éste muchas celditas que no están enjalbegadas, porque la comunidad es muy pobre, y no tiene para comprar la cal.[{84-3}] Pregunta por la Madre abadesa, que ésa soy yo,[{84-4}] y al punto saldré, y te serviré de muy buen agrado en lo que me ocupes. Dicho lo cual, echó á volar cantando maitines.
Pocos días después les[{85-1}] dijo una mañana temprano la cabra á sus chivitas:—Voy al monte por una carguita de leña; vosotras encerráos, atrancad bien la puerta, y cuidado con no abrir á nadie; porque anda por aquí el Carlanco. Sólo abriréis cuando yo os diga:
| ¡Abrid, hijitas, abrid! |
| Que soy la madre que os parí. |
Las chivitas, que eran muy bien mandadas, lo hicieron todo como se lo había encargado su madre.
Y cate Vd. ahí que llaman á la puerta, y que oyen una voz como la de un becerro, que dice:
| ¡Abrid, que soy el Carlanco! |
| Que montes y peñas arranco. |