Como Cristo en la cúspide del monte,

rotas ya sus mortales ligaduras,

mira doquier con ojos espantados,

por toda la extensión del horizonte

dilatarse a sus pies vastas llanuras,

ricas ciudades, fértiles collados.

XXIV

Y excitando su afán calenturiento

tanta grandeza y tanto poderío,

de la codicia el persuasivo acento