grítale audaz: —¡El cielo está vacío!
¿A quién temer?— Y ronca y sin aliento
la muchedumbre grita: —¡Todo es mío!—
XXV
Y en el tumulto su puñal afila,
y la enconada cólera que encierra
enturbia y enardece su pupila,
y ensordeciendo el aire en son de guerra
hace temblar bajo sus pies la tierra,
como las hordas bárbaras de Atila.