Todo elevaba mi ánimo intranquilo

a más sereno asilo:

religión, arte, soledad, misterio...

todo en el templo secular hacía

vibrar el alma mía,

como vibran las cuerdas de un salterio.

Y a esta voz interior que solo entiende

quien crédulo se enciende

en fervoroso y celestial cariño,

envuelta en sus flotantes vestiduras