¡Oh sed inextinguible del deseo!

¡Oh cielo, que antes para mí tenías

fulgores y armonías,

y hoy tan oscuro y desolado veo!

Ya no templas mis íntimos pesares,

ya al pie de tus altares

como en mis años de candor no acudo.

Para llegar a ti perdí el camino,

y errante peregrino

entre tinieblas desespero y dudo.