levanta sobre escombros

un Dios sin esperanza, un Dios que gime.

¡Y ese Dios no eres tú! No tu serena

faz, de consuelos llena,

alumbra y guía nuestro incierto paso.

Es otro Dios incógnito y sombrío:

su cielo es el vacío,

Sacerdote el error, ley el Acaso.

¡Ay! No recuerda el ánimo suspenso

un siglo más inmenso,