De eterna luz, mas con soberbia cierta

Se ofrecieron la incierta

Vitoria, y sin volver a Dios sus ojos,

Con yerto cuello y corazón ufano

Solo atendieron siempre a los despojos!

Y el Santo de Israel abrió su mano,

Y los dejó, y cayó en despeñadero

El carro, y el caballo y caballero.

Vino el día crüel, el día lleno

De indignación, de ira y furor, que puso