En soledad y en un profundo llanto,

De gente y de placer el reino ajeno.

El cielo no alumbró, quedó confuso

El nuevo sol, presagio de mal tanto,

Y con terrible espanto

El Señor visitó sobre sus males,

Para humillar los fuertes arrogantes,

Y levantó los bárbaros no iguales,

Que con osados pechos y constantes

No busquen oro, mas con hierro airado