Flor la vimos primero hermosa y pura,

Luego materia acerba y desabrida,

Y perfecta después, dulce y madura;

Tal la humana prudencia es bien que mida

Y dispense y comparta las acciones

Que han de ser compañeras de la vida.

No quiera Dios que imite estos varones

Que moran nuestras plazas macilentos,

De la virtud infames histriones;

Esos inmundos trágicos, atentos