Tan bien como el señor comió el esclavo.
Bebió la sed los arroyuelos puros:
Después mostraron del carquesio a Baco
El camino los brindis mal seguros.
El rostro macilento, el cuerpo flaco,
Eran recuerdo del trabajo honroso,
Y honra y provecho andaban en un saco.
Pudo sin miedo un español velloso
Llamar a los tudescos bacanales,
Y al holandés hereje y alevoso.