A contemplar la alteza y la inefable

Gloria del Padre y Criador del mundo.

Libre de los cuidados enojosos

Que en los palacios y dorados techos

Nos turban de contino, y entregado

A la inefable y justa Providencia,

Si al breve sueño alguna pausa pide

De sus santas tareas, obediente

Viene a cerrar sus párpados el sueño

Con mano amiga, y de su lado ahuyenta