Turba el Averno sus calladas ondas;

Y allá del Tibre en la ribera etrusca

Se estremece la cúpula soberbia

Que al Vicario de Cristo da sepulcro.

¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro?

¿Quién dar al verso acordes armonías,

Oyendo resonar grito de muerte?

Tronó la tempestad: bramó iracundo

El huracán, y arrebató a los campos

Sus frutos, su matiz: la rica pompa