»Mira el destino...» ¡No acabé! A deshora
La aciaga voz del carcelero escucho,
Diciendo: «es tarde; baste ya, Señora.»
«¡Adiós! ¡adiós! Del vulgo malicioso
»Que al despuntar del sol sacude el sueño
»Temo el labio mordaz. ¡Adiós te queda!»
«Aguarda»... «¡Adiós!»... Y en soledad sumido
Oigo ¡ay de mí! del caracol torcido
Barrer las gradas la crujiente seda.
¡Oh digno, oh generoso