Nada ¡oh Niágara! falta a tu destino,

Ni otra corona que el agreste pino

A tu terrible majestad conviene.

La palma y mirto, y delicada rosa,

Muelle placer inspiren y ocio blando

En frívolo jardín: a ti la suerte

Guarda más digno objeto y más sublime.

El alma libre, generosa y fuerte,

Viene, te ve, se asombra,

Menosprecia los frívolos deleites