Y a tu ventura asemejé mi dicha,

Y a tu prisión mi antigua libertad.

¡Cuántas meditaciones han pasado

Por mi frente mirando tu arrebol!

¡Cuántas veces mis ojos te han dejado

Para volverse al moribundo sol!

¡Qué de consuelos a mi pena diste

Con tu calma y tu dulce lobreguez,

Cuando la mente imaginaba triste

El negro porvenir de la vejez!