Y otra vez en tu cáliz divisaba

Perdidas ilusiones de placer.

Heme hoy aquí: ¡cuán otros mis cantares!

¡Cuán otro mi pensar, mi porvenir!

Ya no hay flores que escuchen mis pesares,

Ni soledad donde poder gemir.

Lo secó todo el soplo de mi aliento,

Y naufragué con mi doliente amor:

Lejos ya de la paz y del contento,

Mírame aquí en el valle del dolor.