Y turbé los sepulcros murmurando

La más triste canción de sus canciones...

Y a la viola, que al favonio blando

Columpiaba allí cerca su corola,

Volví turbios los ojos... Y clavando

La rodilla en el césped (donde sola

Era airón sepulcral de una doncella)

Desprendí de su césped la viola.

Y al lado del cantor volví con ella;

Y así lloré, sobre su cruz mi mano,