Amor al bien y de valor bastante

Para exponer al embriagado mundo

Del vicio vil el sórdido semblante;

Y al ver que imbécil en el cieno hundo

De mi existencia la misión brillante,

Me parece que el hombre en voz confusa

Me pide el robo y de ladrón me acusa.

Y estos salvajes montes corpulentos,

Fieles amigos de la infancia mía,

Que con la voz de los airados vientos