«Mañana, digo, llegará en mi ayuda;»

¡Y mañana es la muerte, y mi ansia vana

Deja mi redención para mañana!

Perdido tengo el crédito conmigo,

Y avanza cual gangrena el desaliento:

Conozco y aborrezco a mi enemigo,

Y en sus brazos me arrojo soñoliento.

La conciencia el deleite que consigo

Perturba siempre: sofocar su acento

Quiere el placer, y, lleno de impaciencia,