Ni gozo el mal ni aplaco la conciencia.

Inquieto, vacilante, confundido

Con la múltiple forma del deseo,

Impávido una vez, otra corrido

Del vergonzoso estado en que me veo,

Al mismo Dios contemplo arrepentido

De darme un alma que tan mal empleo:

La hacienda que he perdido no era mía,

Y el deshonor los tuétanos me enfría.

Aquí, revuelto en la fatal madeja