su mansión de huracanes combatida,
el límite no encuentra de su anhelo;
ni porque esclava suya haga la suerte,
tras íntima inquietud y estéril duelo.
Aquel solo el varón dichoso y fuerte
será, que viva en paz con su conciencia
hasta el sueño apacible de la muerte.
¿Qué sirve el esplendor, qué la opulencia,
la oscuridad, ni holgada medianía,
si a sufrir el delito nos sentencia?