Choza del campesino, humilde y fría,

alcázar de los reyes, corpulento,

cuya altitud al monte desafía,

bien sé yo que, invisible como el viento,

huésped que el alma hiela, se ha sentado

de vuestro hogar al pie el remordimiento.

¿Qué fue del corso altivo, no domado

hasta asomar de España en las fronteras

cual cometa del cielo desgajado?

El poder que le dieron sus banderas