pasó también tu hermano, y la del justo

severa majestad brilló en su frente,

de un alma religiosa templo augusto.

Huya de las ciudades el que intente

esquivar la batalla de la vida

y en el ocio perderla muellemente:

que a la virtud el riesgo no intimida;

cuando náufragos hay, los ojos cierra

y se lanza a la mar embravecida.

Avaro miserable es el que encierra