por el mar de la vida proceloso,

del claro cielo en la extensión remota

puerto seguro y eternal reposo.

DON GASPAR NÚÑEZ DE ARCE

93. Estrofas

I

La generosa musa de Quevedo

desbordose una vez como un torrente

y exclamó llena de viril denuedo:

«No he de callar, por más que con el dedo,