ya tocando los labios, ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.»

II

Y al estampar sobre la herida abierta

el hierro de su cólera encendido,

tembló la concusión que siempre alerta,

incansable y voraz, labra su nido,

como gusano ruin en carne muerta,

en todo Estado exánime y podrido.

III