—Pues fagámoslo por él, que lo merece; e véngase a la capilla de mi madre armado de todas armas, e nós le haremos compañía con otras doncellas; e queriendo el rey Perión cabalgar para se ir, que, según he sabido, será antes del alba, yo le enviaré a rogar que me vea, e allí hará el vuestro ruego, ca mucho es caballero de buenas maneras.
—Bien decís —dijo Oriana.
E llamando entrambas al Doncel, le dijeron cómo lo tenían acordado; él se lo tuvo en merced y llamó a Gandalín e díjole:
—Hermano, lleva mis armas todas a la capilla de la Reina, encubiertamente; que pienso esta noche ser caballero; e porque en la hora me conviene de aquí partir, quiero saber si querrás irte comigo.
—Señor, yo os digo que a mi grado nunca de vos seré partido.
Al Doncel le vinieron las lágrimas a los ojos y besóle en la faz e díjole:
—Amigo, agora haz lo que te dije.
Gandalín puso las armas en la capilla en tanto que la Reina cenaba; e los manteles alzados, fuése el Doncel a la capilla, e armóse de sus armas todas, salvo la cabeza e las manos, e hizo su oración ante el altar, rogando a Dios que, así en las armas como en aquellos mortales deseos que por su señora tenía, le diese vitoria.
Desque la Reina fué a dormir, Oriana e Mabilia con algunas doncellas se fueron a él por le acompañar; e como Mabilia supo que el rey Perión quería cabalgar, envióle a decir que la viese ante; él vino luego, e díjole Mabilia:
—Señor, haced lo que os rogare Oriana, fija del rey Lisuarte.