El Rey dijo que de grado lo haría, que el merecimiento de su padre a ello le obligaba. Oriana vino ante el Rey; e como la vió tan hermosa, bien creía que en el mundo su igual no se podría fallar; e dijo:

—Yo vos quiero pedir un don.

—De grado —dijo el Rey— lo faré.

—Pues facedme ese mi doncel caballero—; e mostróselo, que de rodillas ante el altar estaba.

El Rey vió al Doncel tan fermoso, que mucho fué maravillado; y llegándose a él, dijo:

—¿Queréis recebir orden de caballería?

—Quiero —dijo él.

—En el nombre de Dios, y Él mande que tan bien empleada en vos sea e tan crecida en honra como Él os creció en fermosura.

E poniéndole la espuela diestra, le dijo:

—Agora sois caballero, e la espada podéis tomar.