Así fueron hasta el palacio, e hallaron en la cámara del Doncel del Mar a la Reina con todas sus dueñas e doncellas, haciendo muy gran alegría, y en los brazos della fué él tomado de su caballo, y desarmado por la mano de la Reina, e vinieron maestros, que le curaron de las feridas, e aunque muchas eran, no había ninguna que mucho empacho le diese.

CAPÍTULO QUINTO

LOS ANILLOS DEL REY PERIÓN

Por razones que no son del caso, el hijo mayor de los reyes Perión y Elisena, nacido en ausencia del padre, había sido hecho desaparecer, al tiempo de ver la luz del mundo, por Darioleta, doncella y confidente de la madre. Entre otras cosas había llevado el niño colgado al cuello un anillo que Perión le había dado a Elisena, su mujer, idéntico a otro de que jamás se desprendía el Rey. Pero la Reina nunca le había confesado que, siendo en gran peligro su vida, había tenido que abandonar su hijo, sino que Perión creía que éste había nacido muerto y que el anillo, por falta de cuidado, era perdido.

Otro hijo de aquel real matrimonio, Galaor, aún muy mancebo, había también desaparecido y, sin que sus padres supieran de él, se criaba en tierra extraña, en el ejercicio de toda suerte de armas.

Días después de su victoria, pasando el Doncel del Mar por una sala, vió a Melicia, hija del Rey, niña, que estaba llorando, y preguntóla qué había. La niña dijo:

—Señor, perdí un anillo que el Rey me dió a guardar en tanto que él duerme.

—Pues yo os daré —dijo él— otro tan bueno o mejor, que le deis.

Entonces sacó de su dedo un anillo e dióselo. Ella dijo:

—Este es el que yo perdí.