Pasando Gandalín por so las finiestras donde estaba la Reina e otras muchas mujeres, la Reina lo llamó e díjole:
—Di a tu señor e a Galaor que el Rey se fué de aquí hoy en la mañana con una doncella, e no tornó, ni sabemos dónde lo llevó.
Gandalín fuése cuanto más pudo, hasta reunirse con su señor. E a poco rato encontraron unos leñadores, e aquellos vieron toda la aventura del Rey e de Oriana; mas no sopieron quién eran, ni a ellos se osaron allegar; antes se escondieron en las matas más espesas, e el uno dellos dijo:
—Caballeros, ¿venís vos de Londres?
—E ¿por qué lo preguntáis? —dijo Galaor.
—Porque si ha de allá caballero menos o doncella —dijo él—; que nos vimos aquí una aventura.
Entonces les dijeron cuanto vieran de Oriana e del Rey, y ellos conocieron luego que el Rey fuera preso a traición; e díjoles Amadís:
—¿Sabéis quién eran, e quién prendió a ese rey?
—No —dijo él—, mas oí a la doncella que lo aquí trajo llamar a grandes voces a Arcalaus.
—¡Ay, Señor Dios! —dijo Amadís—, plega a vos de me juntar con aquel traidor.