Los villanos les fueron mostrar por dónde llevaron los diez caballeros al Rey, e los cinco a Oriana, e dijo el villano:
—El uno de los cinco era el mejor caballero que nunca vi.
—¡Ay! —dijo Amadís—, aquel es el traidor de Arcalaus.
E dijo a Galaor:
—Hermano, señor, id vos en pos del Rey, e Dios guíe a mí e a vos.
E firiendo el caballo de las espuelas, se fué por aquella vía, e Galaor por la que al Rey llevaban, a cuanto más andar podían.
Partido Amadís de su hermano, cuitóse tanto de andar, que cuando el sol se quería poner le cansó el caballo, tanto, que de paso no lo podía sacar; e yendo con mucha congoja, vió a la mano diestra cabe una carrera un caballero muerto, y estaba cabe él un escudero que tenía por la rienda un gran caballo. Amadís se llegó a él e díjole:
—Amigo, ¿quién mató ese caballero?
—Matóle —dijo el escudero— un traidor que acá va, e lleva las más hermosas doncellas del mundo forzadas; matóle, no por otra razón sino por le preguntar quién eran, e yo no puedo haber quien me ayude a lo llevar de aquí.
Amadís le dijo: