Cuando esto vió el cohermano de Arcalaus dejóse ir al Rey por lo matar; e como los que con él estaban fuyeran todos, él decendiera del palafrén así con su cadena a la garganta, e tomara un escudo e la espada del caballero que primero murió. El otro le quiso ferir por cima de la cabeza. El Rey alzó el escudo, donde rescibió el golpe, e fué tal, que la espada entró por el brocal bien un palmo, e alcanzó con la punta della al Rey en la cabeza, e cortóle el cuero e la carne fasta el hueso; mas el Rey le dió al caballo en el rostro con la espada tal golpe, que la no pudo sacar, y el caballo enarmonóse e fué caer sobre el caballero. Galaor, que ya estaba a pie, porque el su caballo no se podía mudar, e iba por socorrer al Rey, fué para el caballero por le tajar la cabeza, y el Rey dió voces que le no matase. Los dos cohermanos que fueran tras un caballero que se les iba e lo habían muerto, cuando volvieron e vieron al Rey mucho fueron espantados; que de su prisión no sabían ninguna cosa, e decendieron ahína, e tirados los yelmos, fueron fincar los hinojos ante él, y él los conoció, e levantándolos por las manos, dijo:
—Por Dios, amigos, en buena hora me acorristes.
Don Galaor sacó al primo de Arcalaus de so el caballo, e quitando la cadena al Rey, la puso a él; e tomaron de los caballos de los caballeros muertos e comenzáronse de ir camino de Londres muy alegres, donde también había fracasado totalmente la intriga de Arcalaus, costándole la vida a Barsinan.
LIBRO SEGUNDO
BELTENEBRÓS
CAPÍTULO PRIMERO
LA ÍNSOLA FIRME