E tornando a tomar la carta, dijo:

—Vos sois la causa de la mi dolorosa fin, e porque más cedo me sobrevenga iréis comigo.

E metióla en su seno e dijo a Durín:

—¿Mandáronte otra cosa que me dijeses?

—No —dijo él.

—Pues llevarás mi mandado —dijo Amadís.

—No, señor —dijo él—; que me defendieron que lo no llevase.

—E Mabilia e tu hermana ¿no te dijeron algo que me dijeses?

—No supieron —dijo Durín— de mi venida; que mi señora me mandó que dellas la encobriese.

—¡Ay, santa María, valme! —dijo Amadís—; agora veo que la mi desventura es sin remedio.