E díjoles entonces:
—Caballeros, decidme en vuestra fe cuál vos aqueja más, la hambre o la sed.
—Pues que hemos de decir verdad —dijeron ellos—, aunque el comer era más conveniente primero, la sed nos aqueja mucho.
Entonces dijo Arcalaus a una doncella:
—Sobrina, echadles una empanada de tocino, porque no digan que no acorro a su menester.
Y fuése de allí, e todos los otros.
Aquella doncella vió a Amadís tan apuesto, e sabiendo las grandes caballerías que en la batalla hiciera, era mucho movida a piedad dél e de los otros; e luego puso en un cesto un barril de agua e otro de vino e la empanada, e colgándolo por una cuerda, gelo dió, diciendo:
—Tomad esto y tenedme poridad; que si yo puedo, no lo pasaréis mal.
Amadís gelo gradeció mucho, y ella se fué. Con aquello cenaron, e acostáronse en sus camas, e mandaron a sus escuderos, que allí con ellos estaban, que toviesen las armas en tal parte donde las fallasen; que si de hambre no morían, de otra manera ellos venderían bien sus vidas.
Gandalín e Orfeo y el Enano fueron metidos en la prisión que era deyuso de aquel sobrado donde sus señores estaban, e hallaron hi una dueña e dos caballeros; el uno, que era su marido e ya de días, y el otro su fijo, asaz mancebo; e había un año que allí estaban, e fablando unos con otros, dijo Gandalín cómo viniendo en busca de los tres caballeros de las armas de las sierpes, los habían prendido.