Llegada la guerra, disponía Amadís de la siguiente gente:
El buen rey Perión trajo, de los suyos e de sus amigos, tres mil caballeros; el rey Tafinor de Bohemia, además de mandar a Grasandor, el príncipe heredero, envió con el conde Galtines mill e quinientos caballeros; Tantiles, mayordomo de la reina Briolanja, trajo mill e docientos caballeros; Branfil, hermano de don Bruneo, trajo seiscientos caballeros; Landín, sobrino de don Cuadragante, trajo de Irlanda seiscientos caballeros; el rey Ladasán de España envió a su hijo don Brián de Monjaste dos mill caballeros; don Gandales trajo, del rey Languines de Escocia, padre de Agrajes, mill e quinientos caballeros; la gente del emperador de Constantinopla, que trajo Gastiles, su sobrino, fueron ocho mill caballeros. Por cierto podéis creer que en memoria de hombres no era que gente tan escogida y tanta como aquella fuese en ninguna sazón junta en ayuda de ningún príncipe, como esta lo fué.
Entre tanto el rey Lisuarte estaba en el real cerca de Vindilisora; el Emperador de Roma era llegado al puerto con gran flota, e toda la gente salía de la mar, e asentaban su real cerca del rey Lisuarte; y asimesmo era venido Gasquilán, rey de Suesa, y el rey Cildadán era ya allá pasado. El Emperador quisiera que luego fuera la partida; mas el Rey, que mejor que él sabía lo que necesario era e con quién había la cuestión, detúvola fasta el tiempo convenible; que bien vía que en aquella batalla estaba todo su hecho. Así estovieron en aquel real bien ocho días, allegando la gente que de cada día venía al Rey, e fallaron que eran por todos estos que se siguen: el Emperador trajo diez mil de caballo, el rey Lisuarte seis mil e quinientos, Gasquilán, rey de Suesa, ochocientos; el rey Cildadán, docientos.
Pues todo aderezado, mandó el Emperador a los reyes que el real moviesen, e la gente fuese detenida en aquella gran vega por donde habían de caminar; e así se hizo, que puestos todos en sus batallas, el Emperador fizo de su gente tres faces e rogó al rey Lisuarte que toviese por bien que él llevase la delantera, e así se fizo; aunque él más quisiera llevarla a su cargo, porque no tenía en mucho aquella gente, e había miedo que del desconcierto dellos les podría venir algún gran revés; pero otorgólo por le dar aquella honra.
El rey Lisuarte fizo de sus gentes dos haces; fecho esto, movieron por el campo tras el fardaje, que iba a asentar real con los aposentadores. ¿Quién os podría decir los caballos y armas tan ricas e tan lucidas e de tantas maneras como allí iban? Por cierto muy gran trabajo sería en lo contar.
Dice la historia que el rey Perión, como fuese un caballero muy cuerdo y de gran esfuerzo, tenía siempre personas en tales partes de quien supiese lo que sus enemigos hacían, de los cuales luego fué avisado cómo la gente venía ya contra ellos, y en qué ordenanza. Pues sabido esto, luego otro día de mañana se levantó e mandó llamar todos los capitanes e caballeros de gran linaje, e díjogelo, e como su parecer era que el real se levantase, e la gente junta en aquellos prados, se ficiese repartimiento de las haces, porque todos sopiesen a qué capitán e seña habían de acudir; e que hecho esto, moviesen contra sus enemigos con gran esfuerzo e mucha esperanza de los vencer con la justa demanda que llevaban. Todos lo tovieron por bien, e con mucha afición le rogaron que así por su dignidad real e gran esfuerzo e discreción tomase a su cargo de los regir e gobernar en aquella jornada, e que todos le serían obedientes.
Pues mandándolo poner en obra, concertadas las haces, movieron todos en sus ordenanzas por aquel campo, tocando muchas trompetas e otros muchos instrumentos de guerra; Oriana e las reinas, e las infantas e dueñas e doncellas estábanlos mirando, e rogaban a Dios de corazón les ayudase, e si su voluntad fuese los pusiese en paz.
Arcalaus el Encantador, así como supo que las gentes eran venidas al rey Lisuarte e Amadís, envió con mucha priesa a un caballero su pariente, e mandóle que no holgase día ni noche hasta lo hacer saber a todos los reyes e caballeros que tenían concertado con él atacar a Lisuarte y Amadís, e les diese mucha priesa en su venida; y él quedó en sus castillos, llamando a sus amigos e llegando la más gente que podía. El rey Arábigo y los otros luego sin más tardar fueron todos juntos e serían por todos hasta doce mil caballeros; e concertaron toda su flota, que fué asaz grande y de buena gente. E con mucho placer e tiempo enderezado fueron por su mar adelante, e a los ocho días aportaron en la Gran Bretaña a la parte donde Arcalaus tenía un castillo muy fuerte, puerto de mar. Arcalaus tenía ya consigo seiscientos caballeros muy buenos.
Cuando aquella flota allí aportó no vos podría decir el gran placer que los unos con los otros hobieron; e sabido por las espías de Arcalaus cómo ya las gentes del rey Lisuarte y de Amadís iban unas contra otras y el camino que llevaban, luego a ellos movieron con toda su compaña por una traviesa con las mayores guardas que poner pudieron, con acuerdo de se poner en tal parte donde estoviesen seguros, e saliesen cuando fuese sazón a dar en sus enemigos.