Venido el día señalado, todos los novios se juntaron en la posada de Amadís, y se vistieron de tan ricos y preciados paños como su gran estado en tal auto demandaba, e asimesmo lo ficieron las novias; e los reyes e grandes señores los tomaron consigo, e cabalgando en sus palafrenes, muy ricamente guarnidos, se fueron a la huerta, donde fallaron las reinas e novias asimesmo en sus palafrenes; pues así salieron todos juntos a la iglesia, donde por el santo hombre Nasciano la misa aparejada estaba. Pasado el auto de los matrimonios e casamientos con las solemnidades que la santa Iglesia manda, Amadís se llegó al rey Lisuarte e díjole:

—Señor, quiero demandaros un don que os no será grave de lo dar.

—Yo lo otorgo —dijo el Rey.

—Pues, señor, mandad a Oriana que antes que sea hora de comer pruebe el Arco encantado de los Leales Amadores, e la Cámara Defendida, que hasta aquí, con su gran tristeza, nunca con ella acabar se pudo, por mucho que ha sido por nosotros suplicada y rogada; que yo fío tanto en su lealtad y en su gran beldad, que allí donde ha más de cien años que nunca mujer, por extremada que de las otras fuese, pudo entrar, entrará ella sin ningún detenimiento; porque yo vi a Grimanesa en tanta perfición como si viva fuese, donde está hecha por gran arte con su marido Apolidón; e su gran fermosura no iguala con la de Oriana; e en aquella cámara tan defendida a todas se hará fiesta de nuestras bodas.

Y el Rey le dijo:

—Buen hijo señor: liviano es a mí complir lo que pedís, mas he recelo que con ello pongamos alguna turbación en esta fiesta, porque muchas veces contece, e todas las más, la grande afición de la voluntad engañar los ojos, que juzgan lo contrario de lo que es; e así podría acaescer a vos con mi hija Oriana.

—No tengáis cuidado deso —dijo Amadís—, que mi corazón me dice que así como lo digo se complirá.

—Pues así os place, así sea —dijo el Rey.

Entonces se fué a su hija, que entre las reinas e las otras novias estaba, e díjole:

—Mi hija, vuestro marido me demandó un don, e no se puede complir sino por vos; quiero que mi palabra hagáis verdadera.