615. Præterea nisi erit minimum parvissima quæque...
Además, si no hubiese un término mínimo infranqueable en la composición de los cuerpos, éstos constarían de infinitas partes, y cualquiera de ellas se podría dividir en mitades y éstas en otras indefinidamente; entonces, ¿qué diferencia última se daría entre las masas grandes y pequeñas? Ninguna, porque todas serían igualmente fraccionables infinitamente. Pero como á la razón repugna esa conclusión absurda, preciso es reconocer que los elementos simples son las últimas divisiones posibles de los cuerpos de la Naturaleza, y consiguientemente por este motivo debe también confesarse que los tales elementos son sólidos y eternos.
626. Denique si minimas in partes cuncta resolvi...
Últimamente, si la Naturaleza creadora al descomponer los seres no los redujera á sus partes mínimas indivisibles, no podría reparar la vida, porque los cuerpos compuestos carecen de las condiciones de atracción, peso, repulsión, concurso y movimiento adecuadas para engendrar los seres. Luego si la división de los cuerpos fuera infinita, aún nos veríamos obligados á reconocer que á lo menos algunos que existen de toda eternidad, todavía no han sido alterados por los peligros y accidentes anexos á la vida; y si todos los cuerpos fuesen frágiles, la Naturaleza habría sido inconstante en favor de los que han podido resistir los embates de los siglos.
640. Quapropter, qui materiem rerum esse putarunt...
Por tanto, los que afirmaron que el fuego es elemento de la materia y origen del Universo estaban desprovistos de razón; Heráclito fué el primero que defendió esta doctrina y obtuvo alto renombre entre los Griegos superficiales, prendados de un obscuro lenguaje, pero no entre los sensatos que buscaban la verdad. Aquéllos sólo admiraban lo que se les decía con palabras misteriosas, y consideraban como cierto cuanto se les exponía en frases gratas al oído por su encantadora sonoridad.
650. Nam cur tam variæ res possent esse, requiro...
Y ¿cómo tan variadas especies existentes han podido ser creadas, pregunto, sólo del fuego? El fuego en estado de condensación ó de rarefacción, muestra siempre una igual naturaleza en sus partes y en su conjunto: será más intenso cuanto más condensado éste se halle, pero ni de su condensación ni de su rarefacción podría originarse la extraordinaria variedad de seres que puebla el mundo: á pesar de todo, si los apóstoles de la doctrina que impugno admitieran la teoría de la materia en el espacio, podrían hallar alguna explicación relativa á la real existencia de seres de diversa atracción molecular: pero como no aceptan esa opinión, marchan entre vacilaciones y dudas, y al cabo se alejan cada vez más del conocimiento de la verdad, quizá abrumados por las dificultades que su investigación ofrece. Ni aun reparan en que si los cuerpos estuvieran separados completamente del espacio en que se concretan, no habría en el mundo más que una sola masa y de esta nada se desprendería: lo contrario sucede con el fuego, del cual se derivan centellas y chispas bastantes para hacer patente que el fuego no es una masa compacta sino reunión de partes rodeadas de espacio.
670. Quod si fortè ulla credunt ratione potesse...
Si por acaso creyeran que las moléculas del fuego, al apretarse mutuamente, podían mudar la naturaleza de los cuerpos, este aserto equivaldría á la negación del fuego como principio elemental, porque sucedería que todo el fuego quedaba reducido á la nada y de la nada todas las cosas se crearían; y pues todo aquello que muda, se altera con el tiempo hasta que deja de existir, hay que renunciar al fuego originario, ó admitir que los cuerpos no se reducen á la nada ni de la nada las generaciones se suceden.