788. Quim etiam repetunt a Cœlo atque ignibus ejus...
Los partidarios de aquellas doctrinas derivan del cielo y de los cuerpos ígneos el fuego; éste, según ellos, se convierte en aire, el aire origina el agua, y ésta, por condensación, se modifica en tierra; después, en sentido inverso, hacen nacer de la tierra el agua y de ésta el fuego. Estas transformaciones no se alteran nunca ni se interrumpen, y consideran que siempre los elementos viajan de la tierra al cielo y del cielo á la tierra; pero tales metamorfosis son incompatibles con la probada esencia de los elementos simples, los cuales por su condición han de ser inmutables para que todas las cosas no puedan quedar aniquiladas, porque ningún objeto podrá ultrapasar las condiciones de su esencia sin dejar de ser lo que antes era. Los principios, pues, de que ya hemos hablado, por su naturaleza están exentos de toda mudanza, y por este motivo no quedan totalmente deshechos los seres que de ellos se forman. Es racional admitir que todos los cuerpos se componen de elementos, los cuales en virtud de energías, atracciones y repulsiones, unas veces constituyen el fuego y otras el aire, y siempre sirven para las transformaciones y la continuada sucesión de todos los seres.
809. At manifesta palam res indicat, inquis, in auras...
Pero es patente, dices, que de la tierra, bajo la influencia del aire, los cuerpos nacen y se alimentan; y si en tiempo favorable la copa de los árboles no fuera agitada por las lluvias y los arbustos no se inclinaran bajo su propio peso, el Sol por su parte no daría calor, y los árboles y los animales no podrían nacer y desarrollarse. Y ciertamente; si los alimentos sólidos con líquidos saludables no se ayudasen, pronto nuestros miembros se debilitarían y se extinguiría la energía de nuestro ser y la vitalidad de nuestros órganos y de nuestros nervios. Añadiré que si el hombre y los animales necesitan propio adecuado alimento, y si los seres viven á expensas los unos de los otros, es porque está constituido cada uno por principios comunes á los demás, en relación con el total del Universo. Importa, pues, que investiguemos no solamente la naturaleza de esos principios elementales, sino también sus leyes, sus aproximaciones, sus movimientos recíprocos; pues es de toda evidencia que los principios que forman los ríos, el sol, el cielo, el mar, la tierra, son los mismos que contienen los árboles, los animales y los frutos de toda especie; todo se mueve según sus elementos constitutivos.
829. Quim etiam passim nostris in versibus ipsis...
Sin duda notarás que en muchos de estos versos míos hay varios elementos ó letras simples comunes á numerosas palabras, y, sin embargo, ni los versos ni las palabras tienen igual significado y sonido igual: varía el valor de las letras sólo al cambiar éstas de orden. Y como los elementos primordiales de las cosas en mayor número son que las letras, pueden producir mayor suma de seres diferentes.
836. Nunc et Anaxagoræ scrutemur Homœomeriam...
Examinemos ahora la homeomería[17] de Anaxágoras, como los Griegos llaman, con una palabra expresiva de que nuestra lengua carece, la doctrina de aquel filósofo; aunque es difícil de exponer la homeomería en cuanto apenas trata de dar acerca del origen de todas las existencias una explicación, según la cual cada hueso es formado por un cierto número de huesos pequeños, cada víscera de otras muy tenues; mínimas gotas de sangre componen la sangre; moléculas de oro constituyen el oro; la tierra de pequeñas porciones de tierra procede; el fuego del fuego; y en general todas las cosas se forman por igual procedimiento.
[17] Homeomería, semejanza de todas las partes.
849. Nec tamen esas ulla parte idem in rebus Inane...