Pero el mencionado autor en parte alguna admite el vacío ni concibe límites en la división de los cuerpos: entiendo que acerca de estos asuntos incurrió en error lo mismo que otros pensadores cuyas ideas ya dejo refutadas.

854. Adde quod imbecilla nimis primordia singit...

También aprecia como deleznables los elementos primarios y de igual naturaleza que las concreciones constituidas; y considera, por tanto, que están expuestos á fenecer bajo la violencia de ataques exteriores; ¿cuál de aquellos cuerpos ofrecerá entonces resistencia á la acción destructora de la muerte? ¿el fuego ó el agua? ¿por acaso el oro? ¿cuál de éstos? ¿la sangre ó los huesos? Ninguno, sin duda; porque todos esos cuerpos se descomponen como otros muchos que á nuestra vista perecen todos los días. Y ya queda antes probado que ni las cosas pueden nacer de nada ni completamente aniquilarse.

867. Præterea quoniam cibus auget corpus, alitque...

Cierto es que todos los cuerpos se nutren y crecen por la virtud de substancias primarias diluidas en los alimentos, y que nuestras venas, nuestra sangre, nuestros huesos y nervios de partes diferentes se componen; pero afirmar que los elementos de los cuerpos son la esencia de los huesos, de la sangre y de los nervios en proporción adecuada, no es decir que los principios que integran los cuerpos sólidos y líquidos hayan de constar de partes heterogéneas proporcionadas á las venas, la sangre y los huesos; porque si los cuerpos que vemos nacer de la tierra estuviesen dentro de ella en pequeña cantidad tales como se nos muestran, constaría la tierra de todas las diversas porciones que de ella surgen: y si aplicamos esta idea general á todos los casos particulares, habríamos de creer que el fuego, el humo y la ceniza están en la leña, y que ésta contiene en sí aquellos materiales en diversas porciones.

882. Linquitur hic tenuis latitandi copia quædam...

Apenas hay salida para escapar de esta conclusión; y sin embargo, de esa clase de argumentos usa Anaxágoras, el cual sostiene que todos los cuerpos llevan en sí, como en germen, otros que de ellos se derivan, y de los cuales son visibles los que principalmente están en la superficie; pero estas ideas repugnan á la sana razón, y para admitirlas sería preciso ver que el trigo, en el polvo á que lo reduce la piedra del molino, mostraba señal de la sangre ó de otras partes de nuestro cuerpo que con él se nutren, ó bien que dejase correr la sangre al ser molido entre dos piedras; y que por igual razón la hierba destilase leche tan pura y tan grata como la que se extrae de las ubres de las ovejas; menester sería también que en los terrones se hallasen legumbres, árboles, plantas en partes imperceptibles, y que los quebrados troncos descubriesen humo, ceniza, fuego y llama, en ellos ocultos; pero nada de esto sucede y es preciso confesar que en los cuerpos no se contienen otros iguales mínimos ya determinados, sino que en todos existen elementos simples que son comunes á otros muchos seres, los cuales son diferenciados por virtud de las variadas combinaciones en que aquellos elementos intervienen.

904. At sæpe in magnis sit montibus, inquis, ut altis...

Y sin duda has observado que en las elevadas montañas las fustigadas copas de árboles, mecidas por tempestuoso vendaval, arden con fuego que deja brillar largos torbellinos de movientes llamas; pero no por eso has de entender que en la madera existe el fuego, sino que en ella hay partes que por efecto del rozamiento se inflaman y comunican el incendio á todo un bosque; pues si tanta llama hubiera estado escondida en la selva no existirían árboles que pudieran preservarse del fuego durante mucho tiempo ni bosques habría que no se hubiesen convertido ya en ceniza.

914. Jam ne vides igitur, paulo quod diximus ante...