Con relación á estas ideas, no debes de creer ¡oh Memmio! que todos los cuerpos tiendan, como algunos dicen, hacia un centro del Universo, y que nuestro mundo no sienta influencias exteriores que coadyuven á la gravitación general, porque todas sus regiones por sí mismas buscan el centro del equilibrio (opinión ideada en favor de la teoría que sostiene la acción de la pesantez ejercida de abajo hacia arriba, y de que algunos cuerpos vivan en la tierra en dirección contraria á los que están en la superficie en una posición parecida á la que tiene con nuestro cuerpo su propia imagen proyectada en las tranquilas ondas). Con esas ideas pretenden algunos explicarse el hecho de que animales de varia especie puedan residir en las regiones inferiores del mundo; de que nosotros mismos no podamos elevarnos á las alturas, y el hecho de que haya sobre la tierra individuos que ven el Sol cuando nosotros contemplamos las estrellas, y que tengan con nosotros las estaciones cambiadas, aunque disfruten como nosotros de días y noches.

1075. Sed vanus stolidis hæc omnia finxerit error...

En aquel error han caído los que atrevidamente dedujeron falsas conclusiones de hechos exactos. No es posible imaginar un punto medio en el espacio ilimitado, y aunque nos lo figuráramos no podríamos reconocerle una acción propia y especial sobre los cuerpos. Todo y cualquier lugar del espacio que llamamos vacío, ya sea designado con el nombre de centro ó con otro distinto, deja paso á los cuerpos graves; porque no hay un sitio donde al llegar un cuerpo arrastrado por su propio peso este cuerpo sea obligado á permanecer estático en el vacío; el espacio no puede impedir que un cuerpo cualquiera pesado lo penetre con arreglo á las leyes de la Naturaleza. Por ese motivo, la atracción del centro no es bastante para conservar la harmonía de la creación.

1090. Præterea, quoque jam non omnia corpora fingunt...

Fingen también que la tendencia hacia el centro no es propia de todos los cuerpos, sino de aquellos especialmente compuestos de tierra ó de agua, tales como los ríos que se despeñan desde altos montes para confundirse en el vasto Océano, ó como la sólida porción del mundo; por lo contrario, las tenues auras y los cálidos vapores siempre tienden á separarse del centro, y si vemos que la bóveda celeste de fulgores brilla y que su claridad nos alumbra, es porque en ella se reunen elementos que por ser ligeros de la tierra escapan, aunque desde allí contribuyen á la nutrición de los seres animados y á la fructificación frondosa de los árboles. Así también suponen que por encima de las estrellas existe un firmamento que todo lo rodea, el cual, mediante eficaz presión ejercida sobre nuestro mundo, evita que salga del centro fuego celeste que franquee los términos de la mansión humana; impide que todo sea invadido por completo desorden; que el cielo caiga sobre nuestras cabezas y la tierra se abra debajo de nuestros piés; que nuestros cadáveres, destrozados y envueltos entre las ruinas del cielo y de la tierra, se confundan en profundo caos; que los elementos primarios queden sin energía, y rotas las puertas de la disolución, se precipiten por ellas en turba amontonada todos los seres, y de cuanto existe no quede más que universal desierto.

1114 á 1118. Hæc si pernosces parvâ perfunctus opellâ.

Pero si comprendes bien las razones que te expongo, ya que las unas auxilian á las otras, no ha de robarte más negra noche la claridad que te ilumine para que puedas penetrar en el arcano de la Naturaleza; porque de unas cosas brotará luz bastante para que distingas otras.


LIBRO SEGUNDO