1. Suave, mari magno turbantibus æquora ventis...
Grato ha de sernos contemplar desde la playa el vasto mar agitado por el aquilón, y presenciar desde tierra la desesperada lucha que el náufrago sostenga con la tempestad, no porque gocemos con el infortunio ajeno, sino porque nos consideremos libres de peligros que tan próximos veamos: también será grato asistir desde lejos sin temores ni zozobras á las contiendas inhumanas de dos ejércitos que en el campo se destrocen; pero todavía ha de ser más agradable estar en posesión de las doctrinas de los pensadores, y observar serenamente desde esas alturas del saber las agitaciones de los hombres que sin guía buscan á tientas los caminos del bienestar, y para hallarlos pretenden supremacías de nobleza ó distinciones de genio y pasan días y noches entre afanes é inquietudes que les permitan acumular riquezas.
14. Ô miseras hominum mentes, ô pectora cæca!
¡Oh pobre inteligencia de los hombres! ¡Oh energías mal empleadas! ¡Entre cuántas densas tinieblas y entre cuántos inútiles peligros la vida corre! ¿Cómo no se comprende que las leyes naturales permiten la vida sin dolor del cuerpo, y sin preocupaciones y sobresaltos del alma?
20. Ergo corpoream ad naturam pauca videmus...
Por lo que se refiere al cuerpo, cuyas necesidades son escasas, debo decir que no es difícil eximirlo de muchos dolores y proporcionarle varios placeres en harmonía con las reclamaciones de la Naturaleza: si no disfrutas de festines nocturnos alumbrados por lámparas igníferas sostenidas en la mano derecha por estatuas juveniles; si en tu casa no brilla el oro ni resuena por doradas bóvedas el sonido harmonioso de las cítaras, aun así podrás tener alguna dicha si te decides á disfrutar de la frescura de las hierbas junto al río, á la sombra de los árboles dadivosos de goces que nada cuestan; y principalmente en los risueños prados, cubiertos durante la primavera de matizadas florecillas. Lo mismo inquieta la fiebre ardiente de ambición al rico potentado que vive entre púrpuras y riquezas, que al infeliz que yace tendido en burdo lecho.
37. Quapropter, quoniam nil nostro in corpore gazæ...
La opulencia, las distinciones sociales y el poder no libran de dolores al cuerpo ni proporcionan felicidad al alma: aunque mandes innumerables ejércitos extendidos por la campiña y cobijados por amplias banderas, y aunque dispongas de fuerte escuadra esparcida por dilatados mares, las preocupaciones del fanatismo no huirán de tu ánimo amedrentado ni la idea de la muerte y sus terrores darán sosiego á tu corazón.
46. Quod si ridicula hæc, ludibriaque esse videmus...
Son las grandezas ilusiones insensatas: los temores y sobresaltos de los hombres ignorantes no se ahuyentan con estruendo de armas, ni con esplendor de corona reluciente, ni con la majestad de purpurino manto, ni con la altura de soberbio trono. ¿Aún puedes dudar de que esos terrores que agobian á los hombres son producidos únicamente por la ignorancia? Como niños que de todo tienen miedo por la noche, así nosotros, durante el día, nos vemos rodeados por ilusorias sombras y fantasmas vanos que no se disipan con el rayo solar ó con la luz diurna, pero que se desvanecen mediante el uso de la razón tranquila y el estudio reflexivo de la Naturaleza.