61. Nunc age, quo motu genitalia materiai...
Voy ahora á explicarte la causa del movimiento é impulso que reciben los elementos de la materia para engendrar los cuerpos y descomponerlos, y también te explicaré la fuerza y la rapidez con que nadan sin cesar en el inmenso espacio; sigue, pues, la ilación de mis discursos. Nuestro mundo material no forma un todo inmóvil: hay diminución en todos los cuerpos, los cuales están sujetos á emanaciones, pérdidas y rozamientos que los rebajan, los reducen y aun los ocultan á nuestros ojos; pero estos fenómenos en nada perjudican á la suma universal, porque los sumandos no desaparecen sino cambian de sitio: cuando la vejez por una parte se inclina, por otra la juventud se yergue: no hay descanso en la Naturaleza; el mundo siempre con incesantes mudanzas se renueva; la vida de los que mueren se transmite á los que nacen; pomposas generaciones se elevan, mientras otras se desvanecen; todas las cosas mudan de perspectiva, y todos los que participamos de la existencia tomamos de unos en otros el turno de la vida, como los corredores en los juegos sagrados se pasan de mano en mano la antorcha luminosa.
79. Si cessare putas rerum primordia posse...
Si piensas que los principios de las cosas pueden tener descanso para recibir de éste un nuevo impulso y movimiento, incurres en error[18]; todos los cuerpos elementales que existen en el espacio han de obedecer la dirección propia de su peso y de su esencia ó la dirección á que los obligue la influencia de otros elementos: así unos y otros se encuentran en el vacío y obran entre sí por su propia gravedad y por su peculiar dureza y solidez, sin que nada extraño á ellos modifique su rumbo. Y para que más claramente comprendas el perpetuo movimiento de los principios de la materia, te he de recordar que en el Universo no hay lugar alguno que pueda considerarse inferior y sirva de asiento á los cuerpos que sean precipitados por la acción de la pesantez, pues el espacio es infinito y tiene por límites la inmensidad, como ya he demostrado en otra ocasión.
[18] Lucrecio refuta aquí minuciosamente la doctrina de Aristóteles sobre la inmovilidad de la materia.
94. Quod quoniam constat, nimirum nulla quies est...
Los primeros cuerpos ningún reposo tienen en el vacío inmenso: impelidos por constante fuerza de atracción y de repulsión á movimiento perenne, se alejan á largas distancias ó se aproximan hasta confundirse con arreglo á la especial fuerza en ellos dominante; cuando la atracción molecular es grande, se produce una concentración corpuscular que sirve de base al hierro, á las duras peñas y á otras substancias de análoga naturaleza; y cuando la atracción es muy débil, las moléculas tienden á dispersarse en el espacio y con su movilidad originan el fluido aéreo que nos beneficia y el rutilante esplendor del Sol que nos ilumina.
108. Multaque præterea magnum per Inane vagantur...
Muchos mínimos cuerpos, no obstante, vagan por el espacio en perpetua agitación y disociados siempre al parecer del movimiento general; de este hecho diariamente se muestra ante nuestros ojos una imagen sensible cuando en estancia obscura penetran por un pequeño resquicio los rayos de luz solar; entonces se ven corpúsculos sin cuento que de mil modos se agitan y en todas direcciones se mueven, como si entre ellos hubiera oposición tenaz y cruda guerra, porque jamás cesan de combatir entre sí, de unirse y de separarse. Su actividad no tiene término, y del hecho que menciono puedes conjeturar cuál sea el movimiento de los cuerpos engendradores de los seres, ya que el ejemplo recordado ha de servirte de medio para comprender vestigios de fenómenos importantes.
124. Hoc etiam magis hæc animum te advertere par est...