Tales corpúsculos, cuya movilidad y cuyas agitaciones son perceptibles á nuestra vista merced al contraste de los rayos de Sol en la obscuridad, tienen un movimiento causado por impulsiones clandestinas que determinan separaciones y afluencias producidas por su propia acción imperceptible, que obran sobre ellos mismos y que también comunican á otros cuerpos de masas más tenues, los cuales influyen sobre otros más fuertes; y así, el movimiento de los cuerpos simples se propaga de unos en otros, de igual forma que pasa con esas moléculas hechas perceptibles por la luz del Sol: pero las causas de ese movimiento aún nos son desconocidas.
140. Nunc, quæ mobilitas sit reddita materiai...
Ahora, con pocas palabras que al asunto dedique ¡oh Memmio! podrás comprender la gran movilidad de que los elementos están dotados: cuando la aurora esparce sobre la tierra sus primeros arreboles, y las aves, esparcidas por el bosque, saltan de rama en rama y llenan los aires de suaves melodías, vemos el Sol que de súbito aparece y baña con torrentes de luz toda la Naturaleza; las emanaciones de aquel astro no atraviesan un espacio completamente vacío; en su paso encuentran obstáculos que retardan la carrera de las ondas luminosas, las cuales se hacen para nosotros visibles á medida que se ponen en contacto con el fluido del aire. Pero los cuerpos simples que en el vacío se mueven y no encuentran obstáculo alguno independiente de ellos mismos, deben correr con rapidez mil veces mayor que las ondas luminosas emanadas del Sol, á no ser que se retarden por su propia acción; y sería insensato suponer que los primeros cuerpos concertaran entre sí un plan para regularizar sus movimientos.
167. At quidam contra hæc, ignari, materiai...
Pero hay quien juzga, ignaro, que la materia sin la voluntad de dioses puede, por condición propia, proveer á las necesidades humanas, formar las estaciones, producir los frutos y facilitar la reproducción de las especies todas; no reparan en que por impulso natural todo ser ciegamente contribuye á la propagación de su especie y que estímulos de atracciones y de goces naturales contribuyen á la generación. Por eso han imaginado la intervención de dioses creadores, desmentida por la razón y contrariada por los hechos. No basta que nosotros desconozcamos la propia naturaleza de los elementos para figurarnos creaciones fantásticas: la vista del inmenso espacio y la contemplación de los fenómenos que constituyen el mundo, son bastantes para probar que el mundo no ha podido ser obra de fuerza directiva inteligente, porque no pocos defectos lo deforman; pero ya te probaré estas verdades[19] ¡oh Memmio!; continuemos ahora la exposición de nuestro asunto.
[19] En el principio del canto V.
184. Nunc locus est, ut opinor, in his illud quoque rebus...
Entiendo que ahora es ocasión de hacerte comprender que ningún cuerpo es capaz de elevarse por su propia fuerza: y no incurras en error ante la presencia de las llamas que al formarse de repente se dirigen hacia arriba; también suben los árboles y las mieses que al brotar del suelo siguen en su crecimiento dirección contraria á la que parece exigida por la gravedad. Si la llama se eleva hasta alcanzar el techo del edificio, cuyo maderamen devora con insaciable afán, ciertamente no lo hace por gusto, sino porque una fuerza extraña obra sobre ella. Así también, la sangre que se escapa de vena abierta en nuestro cuerpo tiñe de púrpura todo lo que toca. ¿No has observado la violencia con que el agua arranca empalizadas firmes? Habían sido formadas con grandes precauciones; fuerzas enormes se habían empleado en esa obra; pero las aguas trabajaban con tanto más ardor para destruirla, cuanto más sobresalían de la superficie líquida las estacas, y al cabo éstas fueron vencidas. Pero según mi opinión, esos datos no nos autorizan para dudar de que los cuerpos bajen cuando fuerza mayor no contraría el efecto de su propio peso: una acción extraña obliga á la llama á elevarse en las regiones atmosféricas, á pesar de que en cuanto dependiera exclusivamente de ella tendría inclinación á bajar. ¿No ves nocturnos meteoros de fuego que se muestran en el infinito espacio y forman diversas ondulaciones por entre las cuales parece que se abre una comunicación con la Naturaleza? ¿No te figuras que en ocasiones se inclinan hacia la tierra estrellas y astros? También el Sol, desde las inmensas alturas, por todas partes prodiga su calor y su luz que los campos fertilizan, y su acción se ejerce hacia abajo; igualmente puedes notar que el rayo se abre camino á través de las nubes é impetuosamente cae sobre la tierra.
216. Illud in his quoque te rebus cognoscere avemus...
Ardientemente deseo que de estas observaciones derives el principio de que, por su propia gravedad, los cuerpos tienden á caer, pero que en circunstancias especiales de lugar y tiempo, en su caída se apartan de la línea recta, aunque su retirada apenas merezca el nombre de desviación; sin esas declinaciones, los cuerpos simples caerían pesadamente en el vacío, como vemos que se precipitan sobre la tierra las gotas de lluvia; los elementos de la materia no coincidirían nunca, y la Naturaleza sería improductiva.