529. Quod quoniam docui, pergam connectere rem, quæ...
Y todavía he de añadir alguna reflexión que sirve de base á lo que después ha de seguir. Aun cuando las moléculas varían en número de formas limitado, son infinitas las que en cada una de ellas figuran. Si el número de formas es finito, ha de haber infinitos elementos que las revistan, porque de lo contrario sería finito el Universo, afirmación esta última contraria á lo que ya he demostrado.
537. Quod quoniam docui, nunc suaviloquis, age, paucis...
Voy ahora inmediatamente á exponerte en suaves, aunque pocos versos, cómo por ser infinitos, los elementos pueden, por sus atracciones y repulsiones recíprocas, sostener el orden universal.
541. Nam quod rara vides magis esse animalia quædam...
Si reparas en que hay comarcas donde escasean notablemente los animales de alguna especie, como si la Naturaleza con ellos fuera poco generosa, te haré observar que esos mismos animales abundan en otras regiones más adecuadas para ellos, como sucede á los cuadrúpedos gigantes de trompa anguímana[24], de los cuales en India hay bastantes para formar en torno de las ciudades ebúrneo impenetrable muro; tan numerosas allí son esas fieras como escasas entre nosotros.
[24] Mano en forma de culebra.
550. Sed tamen id quoque uti concedam, qua libet, esto...
Pero te concederé la existencia ideal de un ser único de singular forma que no tenga semejante en toda la redondez de la tierra: si los principios naturales que lo constituyen no fueran infinitos, no podría ser producido, ni vivir, ni sostenerse. Imaginemos que nuestros ojos pueden percibir los elementos finitos de ese ente singular que vagaran en los ámbitos del Universo: ¿cuándo, dónde, con qué fuerza, de qué modo podrían reunirse adecuadamente aquellos cuerpos simples dispersos en tan confuso piélago? Según mi parecer, tal asociación no puede racionalmente concebirse. Así como después de borrasca tormentosa causante de naufragios el mar arroja á la playa en toda la extensión del globo remos, timones, antenas, velas, mástiles y flotantes cuerdas, ante cuya vista los mortales comprenden las traiciones de las pérfidas ondas y de ellas desconfían más tarde aun cuando las vean plácidas, argentadas y risueñas, así también los finitos elementos de un ser revueltos con otros y repelidos por las olas de la materia, nadarían dispersos eternamente en ellas; y si por un acaso improbable pudieran juntarse alguna vez, su unión sería momentánea por incapacidad para sostenerse. Pero la experiencia nos hace ver que es necesaria la formación de los seres é indispensable su crecimiento; luego es racional admitir que en toda especie de seres se dan igualmente elementos infinitos en adecuada proporcionalidad.
578. Nec superare queunt motus utique exitiales...