Ni los movimientos destructores pueden prosperar continuamente hasta sepultar en sueño eterno la vida, ni tampoco los movimientos creadores pueden conceder á los cuerpos constante duración; así podemos observar que unos y otros, desde tiempo inmemorial, mantienen entre sí guerra abierta con variable éxito, de tal modo, que ya son unos derrotados ya vencedores; también notamos que se mantiene cierto equilibrio en los nacimientos y las muertes, y nunca la noche ha ocultado al día, ni la aurora ha descorrido el velo de las sombras sin que al mismo tiempo se haya oído el grito desgarrador del niño que viene á la vida y los sollozos lastimeros de los que otorgan á la amistad los últimos deberes impuestos por la muerte.

590. Illud in his obsignatum quoque rebus habere...

Preciso es tener en cuenta y en la memoria conservar grabado el principio de que todos los cuerpos que podemos conocer constan de varios elementos, y que no hay uno solo del que fundadamente creamos que se halla constituido por una sola clase de elementos. Y el número de éstos es mayor, y sus especies más distintas en aquellos cuerpos dotados de más diferentes propiedades.

599. Principio tellus habet in se corpora prima...

Primeramente, la Tierra en sí posee los elementos generadores de las corrientes líquidas que nutren los ríos y renuevan los mares, y también contiene los principios de que se alimenta el fuego que le devora las entrañas, como hace el Etna, que algunas veces, con furia impetuosa, expulsa de sus entrañas materiales encendidos. Igualmente posee los gérmenes de nítidos frutos, de dorados granos útiles á las humanas gentes, y de los pastos que sirven de alimento á las bestias que vagan por los montes.

608. Quare magna Deum mater, materque ferarum...

Por este motivo, la consideran madre de los dioses y de los animales, y creadora de la especie humana: los poetas de la antigua Grecia, al dedicarle sus cantos, se la figuraban sentada sobre un carro tirado por leones; decían que se hallaba flotante en el espacio para darnos á entender que nuestro Mundo no puede tener otro mundo por base: las fieras obedientes del carro, significaban que las mayores energías deben abatirse al celo afectuoso de los padres; fingían que llevaba la frente adornada con mural corona para recordar los sitios elevados que guarnecen las ciudades. De este modo sacan en procesión la imagen de la Madre divina que aún hoy mismo causa terror á ciertas gentes: por uso de antiguos ritos lleva nombre de Madre Ida[25], y se la considera acompañada por catervas frigias, porque las gentes de aquella región fueron las primeras que enseñaron al mundo el cultivo de los cereales; en las procesiones de la Santa Madre, siguen á ésta castrados sacerdotes, que por su origen hacen pensar que aquellos que traten mal á la diosa é ingratos sean para sus progenitores, son indignos de tener posteridad: los acompañantes de la simbólica imagen atruenan el aire con redoblados repiquetes de tambor, ruidos de timbales, ecos amenazadores de corneta retorcida y desapacibles rumores de la flauta frigia que llenan de terror el ánimo; traen también los ministros picas y dardos que son instrumentos de muerte, y con los cuales aterran al meticuloso vulgo y á los perversos é ingratos que no rinden adoración á la majestad de la diosa.

[25] Ida, monte de Frigia ó de la Troade, lugar en que se tributaba especial adoración á la Tierra, simbolizada por Cibeles, nombre griego. De la unión de la Tierra y el Tiempo (Saturno), según los poetas, surgieron el movimiento (Júpiter), la vida (Juno), los mares (Neptuno), y otras fuerzas naturales.

634. Ergo cum primum magnas invecta per urbes...

Llevada así la muda estatua y paseada por las ciudades populosas produce no pocas utilidades debidas á la generosidad de los devotos: de oro y de plata se adornan las calles; ricos tesoros y abundantes olorosas flores se dedican á la Santa Madre y á su cortejo; una tropa de hombres armados, á quienes los Griegos dan el nombre de curetas frigios, bailan al mismo tiempo que hacen vibrar cadenas, y juegan hasta verter sangre; en la cabeza esos hombres llevan terroríficos penachos que recuerdan los que dicen que usaban en Creta los antiguos sacerdotes para encubrir con su ruido los lloros de Júpiter, mientras que varios niños danzaban en torno de la cuna y con metálicos instrumentos, de que estaban provistos, atronaban el espacio para evitar que Saturno devorase al joven dios y produjera incurable herida en el tierno corazón de la divina Madre. Este es el origen de la costumbre de llevar gente armada en las procesiones de la diosa, y tal vez ese rito obedezca igualmente á la idea de recordar que los hombres deben estar dispuestos para defender la patria y para ser amparo de sus parientes.