757. Quod quoniam vinco fieri, nunc esse docebo...
Ahora te explicaré el fundamento de la observación precedente: cualquier color puede mudarse en otro, pero los principios materiales no pueden sufrir cambio alguno; es necesario que éstos permanezcan inmutables cuando el mundo no ha quedado ya reducido á la nada. Todo cuanto puede transformarse, por el mismo hecho está sujeto á la muerte, á dejar de ser lo que antes era. Guárdate, pues, de creer que los cuerpos simples sean teñidos, si no quieres admitir que el mundo pueda quedar aniquilado.
767. Præterea, si nulla coloris principiis est...
Con todo, si la Naturaleza ha negado color á los cuerpos simples, los ha enriquecido con formas varias, por las cuales, mediante circunstancias múltiples, pueden mostrarse diversamente colorados, según las distintas posiciones que entre sí guarden las combinaciones en que intervienen, y los movimientos á que son impelidos; todas estas son condiciones que influyen para que un cuerpo que en ciertos casos como negro se nos ofrece, en otros tenga brillante blancura; así vemos que las aguas marinas, cuando son agitadas por furiosa tempestad, se muestran como blancas en las rizadas ondas. Puedes objetar que si los elementos de un cuerpo que nos parece negro se adicionan á otros, con los cuales se confunden, ó si pierden alguna cantidad, ó si cambian de posición, adquirirán, quizá, blancura; pero observa que si el mar constase de principios materiales azules, en ninguna ocasión aparecería blanco, aun cuando lo perturbase agitación violenta, porque moléculas azules nunca darían apariencia de brillante mármol.
786. Sin alio atque alio sunt semina tincta colore...
Si los elementos que forman el mar, aunque de varios colores teñidos, pudieran dar un solo color, de manera igual que varias figuras pueden componer un cuadrado perfecto en dimensiones, necesario sería que en el mar se descubriesen los distintos colores que intervinieran para la formación de uno solo, como en el cuadrado se perciben las distintas figuras que lo forman; y en los demás cuerpos también se notarían los matices desemejantes que compusieran un color determinado. Pero la diferencia de las figuras, convenientemente colocadas, no es un obstáculo para la composición de líneas exteriores que formen cuadrado perfecto, mientras que la diferencia de colores elementales perjudica la composición de un color brillante; además, si con arreglo á estas ideas el color blanco ó negro no resulta de elementos que son exclusivamente blancos ó solamente negros, sino de una alianza de principios distintamente coloridos, no hay razón para suponer que los cuerpos simples tengan color; más creíble sería que la blancura dimanara de elementos sin color que no de cuerpos negros ó de otro color contrario.
805. Præterea, quoniam nequeunt sine luce colores...
Como no existen colores sino por la acción de la luz, y ésta no puede llegar á los principios elementales de las cosas, lícito es afirmar que los cuerpos simples no tienen color. Y ¿cómo sería posible que pudiera existir un color permanente en la obscuridad, cuando observamos que aun durante el día los colores de las cosas experimentan mudanzas, según que éstas son bañadas por un rayo de luz vertical ú oblicuo? Este fenómeno se observa en el plumaje que adorna la cerviz de la paloma y corona su cuello: cuando el Sol lo envuelve, en unas ocasiones ostenta el puro color del rubí, en otras una verde mezcla de esmeralda y de azul cerúleo: la cola del pavo real, bañada por la luz, muda frecuentemente sus matices, según la forma en que recibe los rayos luminosos. Luego es preciso reconocer que los colores se engendran por el contacto de la luz, y sin esta condición no existen ni pueden concebirse.
820. Et quoniam plagæ quoddam genus excipit in se...
Más fuertemente se impresiona la pupila en presencia de los objetos bañados de blancura, que ante el negro ó cualquier otro color; pero éste es inútil en aquellas cosas de las cuales tomamos conocimiento por medio del tacto, en las que lo esencial es la forma. Por este motivo debe justamente afirmarse que los elementos primitivos, cuyas funciones se realizan por contacto y proximidad, para nada necesitan la cualidad del color.