827. Præterea, quoniam non certis certa figuris...

Además de lo dicho, si los colores no dependen en verdad de la figura de los cuerpos, y éstos, al formarse, pueden revestir cualquiera coloración, ¿por qué no se muestran teñidos indiferentemente de varios modos? En este caso, muchas veces el cuervo, al atravesar el espacio con su vuelo, debería impresionar gratamente nuestros ojos con la albura brillante de su plumaje, y los cisnes en ocasiones ostentarían el color negro, ó una diversidad de matices. Puede notarse el hecho de que el color de los cuerpos se pierde al mismo tiempo que éstos sufren distintas divisiones, y llega el caso de que, en objetos muy fraccionados, el color se extingue: pruebas de este fenómeno ofrecen el oro cuando se reduce á suave polvo, y la púrpura cuyo luciente color de escarlata se pierde cuando se convierte en delgados hilos: de estas observaciones puedes inferir que las cosas pierden su color á medida que se acercan á la menor división de que sean susceptibles.

844. Postremo, quoniam non omnia corpora vocem...

Por último, si admites la existencia de cuerpos incapaces de producir sonido ó de emitir corrientes odoríferas, no podrás atribuir á todos los cuerpos cualidades que afecten al oído y al olfato; y de igual modo has de reconocer que los objetos no perceptibles por la vista deberán estar privados de color, como aquellos otros que no dan olor ni sonido han de carecer de las cualidades necesarias para afectar nuestros órganos correspondientes; por este motivo, el ánimo sagaz conoce que si hay cuerpos á los que faltan condiciones para impresionar algunos de nuestros sentidos, también los habrá desprovistos de color.

852. Sed ne fortè putes sole spoliata colore...

Pero no creas que solamente de color carecen los cuerpos simples; falta á ellos también condiciones para ser modificados por la acción del frío ó del calor y para impresionar nuestros nervios auditivos, gustativos y olfatorios. Tú mismo, si pretendes componer suave esencia con extracto de olorosa mejorana, de licor de mirra y de la flor de nardo, que difunde exhalaciones de néctar, buscarás sin duda para que te sirva de base el aceite más inodoro, á fin de que no altere el perfume de las flores que utilizas.

863. Propterea demum debent primordia rerum...

Los elementos primarios que entran en la composición de todos los cuerpos no desprenden emanaciones; por tanto, no dan olor, ni color, ni son fríos, templados, calientes ó sabrosos, ni tienen los otros accidentes que implican descomposición, tales como fragilidad, flexibilidad, porosidad, corruptibilidad y blandura. Debemos de confesar que los elementos simples carecen de todas esas cualidades, ante la consideración que nos suministra el hecho evidente de que la Naturaleza nunca se pierde en la nada.

875. Nunc ea, quæ sentire videmus cunque necesse est...

Después de estas observaciones, es de exigencia el reconocer que todos los cuerpos, y entre ellos los que están dotados de sensaciones, de principios materiales insensibles proceden: no hay ni siquiera un dato que sirva para refutar esta afirmación: la experiencia nos lleva como por la mano para que ante los hechos patentes nos veamos obligados á reconocer que todos los animales se producen de substancias insensibles.